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Invertir en una nueva dirección: el nuevo mapa del capital
ideas clave.
A pesar de las convulsiones que han supuesto el COVID-19, la inflación, la guerra y las tensiones comerciales, las bolsas mundiales han seguido registrando elevadas rentabilidades a largo plazo
Tratar de eludir la incertidumbre eligiendo el mejor momento para invertir puede minar los resultados de una cartera. El tiempo que se permanece en el mercado es más importante que intentar predecir sus movimientos
Las convulsiones geopolíticas no siempre se traducen en convulsiones en los mercados, en especial cuando resisten los beneficios empresariales y los principales canales económicos. Los cambios en el panorama geopolítico están reconfigurando de forma estructural los flujos de capital y generando nuevas oportunidades de inversión a largo plazo
Los inversores deberían poner el foco en una asignación estratégica de activos sólida y unos ajustes tácticos rigurosos para desenvolverse en un mundo cambiante
“La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante”.
Esta observación del filósofo danés Søren Kierkegaard capta nítidamente la paradoja del inversor. Asignar capital hoy supone realizar predicciones sobre un futuro incierto. Para lidiar con esta incertidumbre, es necesario analizar las dinámicas de un orden mundial que está evolucionando y respetar algunos principios básicos de inversión.
Los últimos cinco años han asestado varios golpes a los inversores: el COVID-19, el repunte de la inflación y el consiguiente ciclo de subidas de tipos, la guerra de Ucrania y la crisis energética, el aumento de los aranceles y los cambios de las alianzas geopolíticas. Sin embargo, la revolución de la IA ha resultado ser un potente revulsivo para los beneficios.Y las rentabilidades anuales totales de alrededor del 15% que ha promediado el S&P 500 en el periodo 2020-2025 han sido netamente superiores a las rentabilidades medias de algo menos del 10% observadas durante el último siglo1,2. El primer semestre de 2026 también ha sido testigo de los avances de la renta variable mundial a pesar de las perturbaciones del mercado del petróleo y el conflicto en Oriente Próximo.
A la vista de estos episodios y de un entorno geopolítico más volátil, pocos inversores habrían imaginado que la renta variable pudiera registrar unos resultados tan sólidos.
Ello se debe, en parte, a que predecir los movimientos del mercado es un ejercicio complejo. En un ciclo informativo que se mueve a gran velocidad, las cotizaciones descuentan los riesgos rápidamente. Y si el riesgo previsto se materializa y resulta ser menos perturbador de lo que se temía, los mercados pueden desafiar la lógica y subir. Por lo tanto, las oportunidades de compra más atractivas pueden ser las más difíciles de aprovechar.
Un aspecto de suma importancia es que las tensiones geopolíticas no se traducen necesariamente en crisis bursátiles. Naturalmente, su impacto, duración y amplitud pueden resultar difíciles de cuantificar y valorar. Pero desde la década de 1990 las reacciones de los mercados ante estas conmociones se han ido suavizando, en parte porque las economías desarrolladas han reducido su intensidad energética y los marcos de las políticas han incorporado una mayor resistencia.
Básicamente, si las empresas pueden seguir generando beneficios, las reacciones de las bolsas ante las tensiones geopolíticas probablemente serán contenidas. Por lo tanto, los inversores deben evaluar si dichos acontecimientos amenazan de verdad los canales económicos clave, como las cadenas de suministro, la energía y los mercados de materias primas. Cabe citar algunos ejemplos recientes, como las nuevas barreras al comercio, las restricciones sobre algunas tecnologías, las materias primas y el cierre de vías de tránsito críticas.
Con el tiempo, incluso estos impactos pueden suavizarse también si los mercados encuentran alternativas. Desde que invadió Ucrania en 2022, Rusia ha perdido el dominio que ejercía sobre los mercados europeos de gas natural. Los flujos comerciales están adaptándose para sortear las barreras arancelarias; así, el comercio mundial de bienes y servicios alcanzó una cifra récord de 35 billones de USD en 2025, según la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y la militarización del estrecho de Ormuz por parte de Irán está incentivando a otros países para encontrar rutas alternativas.
Un mundo con mayor competencia tampoco es sinónimo de un entorno de inversión más negativo. De hecho, la necesidad que tienen los países de garantizarse recursos estratégicos, desde alimentos, agua, energía y salud hasta ciberseguridad y seguridad interior, está rediseñando las cadenas de valor y creando nuevas oportunidades de inversión. La búsqueda de seguridad económica está catalizando un nuevo ciclo de inversión que se ha extendido mucho más allá de la IA. Este ciclo está generando demanda, está estimulando la actividad industrial y los beneficios empresariales y está resultando ser un potente motor para la economía mundial y las bolsas.
Por supuesto, los inversores no deben abordar los acontecimientos geopolíticos con complacencia. En lugar de eso, creemos que estos sucesos demandan un marco disciplinado y crítico para evaluarlos. En un orden mundial cambiante, la geopolítica está reconfigurando los flujos de capital a largo plazo, pero también sigue siendo una potente fuente de riesgo en las carteras. Por lo tanto, tratamos de diseñar carteras que pueden sobrellevar estas perturbaciones por medio de una sólida asignación estratégica de activos.
Básicamente, si las empresas pueden seguir generando beneficios, las reacciones de las bolsas ante las tensiones geopolíticas probablemente serán contenidas
En una cartera, la asignación estratégica de activos son los cimientos, la base que proporciona el grueso de sus rentabilidades a lo largo del tiempo. Una asignación estratégica de activos combina inversiones con correlaciones imperfectas para mejorar los resultados ajustados al riesgo mediante la disciplina, una estructura y ajustes periódicos basados en la evolución prevista de las clases de activos. El objetivo no es batir a los mercados, sino garantizar que los inversores no se alejan del nivel de riesgo que hayan elegido ni de las realidades de un nuevo orden mundial. En torno a este estable anclaje, la asignación táctica de activos desempeña un papel valioso, pero no para tratar de predecir cada giro del mercado, sino para permitir a los inversores responder de manera informada cuando cambian las circunstancias.
Por lo tanto, la fuente de convicción más duradera no es la predicción, sino el proceso: un marco fuerte que pueda soportar la incertidumbre, que se adapte al cambio y que no pierda de vista los objetivos a largo plazo. Eso ayuda a los inversores a aprovechar nuevas oportunidades y, al mismo tiempo, aceptar una verdad fundamental: el futuro no puede conocerse, solo afrontarse.
ver fuentes.
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1 Cálculos de Lombard Odier basados en datos históricos del S&P. 2 Las rentabilidades pasadas no garantizan rendimientos futuros. 3 Cálculos de Lombard Odier basados en datos históricos del S&P.
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