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La reconfiguración del comercio internacional: cuando la resiliencia se impone a la eficiencia

ideas clave.

  • A pesar de los aranceles, las tensiones geopolíticas y las inquietudes en torno a la desglobalización, el comercio mundial sigue creciendo a medida que las empresas se adaptan a un mundo más fragmentado
  • Las cadenas de suministro están rediseñándose en torno a la resistencia y la seguridad económica, lo que está transformando los flujos comerciales, las redes industriales y las estrategias de abastecimiento
  • La seguridad económica está impulsando un ciclo estructural de gasto de capital en energía, infraestructuras y defensa que sostiene la demanda de inversión a largo plazo
  • Este paso de la eficiencia a la resistencia está creando oportunidades de inversión en áreas como los recursos estratégicos, la capacidad industrial y las tecnologías esenciales.

Las predicciones sobre el declive de la globalización han resultado ser prematuras. El comercio está adaptándose a un mundo en el que la resiliencia y la seguridad económica importan tanto como la eficiencia.

Durante gran parte de las últimas tres décadas, las empresas diseñaron sus cadenas de suministro con el mero objetivo de reducir al máximo los costes. La caída de las barreras comerciales y unos mercados internacionales cada vez más integrados permitieron que la producción cruzara fronteras de forma eficiente. El resultado fue una expansión sostenida del comercio mundial y unas economías con un mayor grado de interconexión beneficiadas por una densa red de «libre comercio».

Ese modelo ha empezado a sufrir presiones. Los aranceles sobre China de la primera administración Trump, las perturbaciones provocadas por la pandemia de COVID-19 y la crisis energética que siguió a la invasión de Ucrania por parte de Rusia expusieron las vulnerabilidades de estas cadenas de suministro, que estaban optimizadas pensando en los costes, no en la resistencia. En fechas más recientes, los nuevos gravámenes aduaneros de EE. UU. y la intensificación de la competencia estratégica entre este país y China han agudizado las inquietudes en torno a la seguridad económica.

Estos acontecimientos han llevado a muchos observadores a afirmar que el comercio está entrando en una fase de desglobalización. Sin embargo, las pruebas sugieren que el comercio sigue creciendo. El comercio mundial de bienes y servicios alcanzó una cifra récord de 35 billones de USD en 2025, según la Organización Mundial del Comercio (OMC), cifra que supone un aumento del 4% frente al año anterior. El comercio de bienes se incrementó un 6%, mientras que los servicios se expandieron un 8%. En lugar de salir de los circuitos del comercio internacional, las empresas se han adaptado diversificando proveedores, acumulando más existencias y siendo más flexibles en su manera de operar. Además, son pocos los países que han tomado represalias contra EE. UU. por sus medidas sobre las importaciones, que a menudo se aplican a materias primas que necesitan los fabricantes estadounidenses y actúan en gran medida como un impuesto sobre los consumidores e industrias de EE. UU.

El resultado es una «globalización ralentizada» en la que las cadenas de suministro internacionales se diseñan cada vez más para soportar perturbaciones. Los bienes siguen cruzando fronteras, aunque a menudo viajan por redes más complejas y sufren mayores redundancias que en el pasado.

El comercio está adaptándose a un mundo en el que la resiliencia y la seguridad económica importan tanto como la eficiencia

La seguridad económica tiene un precio

La consecuencia más evidente de este cambio es la creciente atención a la seguridad económica. Países que antes dependían en gran medida de los mercados mundiales para conseguir energía, capacidad industrial y tecnologías críticas buscan un mayor control sobre los recursos y capacidades que revisten una importancia estratégica.

Eso ha alterado el mapa del comercio mundial, ya que las empresas están rediseñando las cadenas de suministro, diversificando sus centros de fabricación y usando países intermedios para gestionar la exposición a los aranceles y los riesgos geopolíticos. El comercio ya no toma el camino más corto entre el productor y el consumidor, sino que transita cada vez más por la ruta más resistente.

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Sin embargo, la resistencia tiene un precio. Ello se debe a que unas cadenas de suministro más diversificadas requieren duplicidades, más existencias y capacidad de producción alternativa. Los gobiernos están invirtiendo en seguridad energética, infraestructuras estratégicas y defensa nacional, mientras las empresas rediseñan sus actividades en torno a la redundancia y la flexibilidad operativa. La eficiencia sigue siendo importante, pero ha dejado de ser el único objetivo.

Un nuevo ciclo de inversión

Si bien estos ajustes incrementan los costes, también tienen importantes implicaciones económicas y para la inversión. Los gobiernos están destinando recursos a políticas industriales, seguridad energética y defensa por razones de índole estratégica, en lugar de objetivos económicos a corto plazo. Las empresas están tomando decisiones similares en su búsqueda de cadenas de suministro más sólidas y una mayor flexibilidad operativa. Juntas, estas decisiones están generando una fuente duradera de demanda de inversión.

Los esfuerzos para reforzar la seguridad económica también demandan un gasto de capital sostenido. Por ejemplo, las nuevas fábricas de semiconductores requieren construcción, maquinaria especializada y tecnologías avanzadas. Unos sistemas energéticos más diversificados exigen inversión en generación, transmisión y almacenamiento. El mayor gasto en defensa estimula la industria, la ingeniería y la innovación. Así pues, todos los intentos de mejorar la resiliencia pueden crear demanda en algún área de la economía.

Por consiguiente, este gasto vinculado a la seguridad económica está resultando ser de carácter estructural, más que cíclico. Eso ayuda a explicar por qué los beneficios empresariales y los mercados financieros han aguantado mejor de lo que muchos esperaban a pesar de los aranceles, las tensiones geopolíticas y las reiteradas perturbaciones de las cadenas de suministro.

El comercio ya no toma el camino más corto entre el productor y el consumidor, sino que transita cada vez más por la ruta más resistente

Consecuencias para la inversión

Los ganadores de la era de la globalización eran con frecuencia empresas que reducían las existencias, concentraban la producción y recortaban los costes por medio de unas cadenas internacionales de suministro cada vez más eficientes. El entorno actual premia la resistencia de las cadenas de suministro, el acceso a recursos críticos, el liderazgo tecnológico y la exposición a los programas de inversión a largo plazo. Probablemente haya muchos beneficiarios entre las empresas que suministran los equipos, los materiales y las competencias necesarias para crear un sistema económico más seguro.

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Por lo tanto, la fragmentación del comercio y la seguridad económica probablemente sigan siendo rasgos definitorios de la economía mundial durante muchos años. El comercio mundial tal vez crezca a menor ritmo que durante las décadas más expansivas de la globalización, mientras que los aranceles y las rivalidades geopolíticas siguen lastrando el crecimiento y elevando las presiones inflacionistas. Sin embargo, estos retos van de la mano de un potente ciclo de inversión. La competencia estratégica, sobre todo entre EE. UU. y China, está remodelando los flujos comerciales, las prioridades de inversión y las políticas industriales. En pocas palabras, la globalización, tal y como la conocíamos después de la Guerra Fría, puede que haya llegado a su fin, pero el mundo no comercia menos, sino de forma diferente.

A medida que los gobiernos y las empresas se adaptan a esa realidad, la búsqueda de la resiliencia está generando nuevas oleadas de inversión en toda la economía mundial. Para los inversores, el gasto de capital que financia estas tendencias podría terminar siendo tan importante como el ímpetu globalizador que lo precedió.

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