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Libertad: las renovables rompen el dominio de los combustibles fósiles
ideas clave.
La seguridad energética, no la reducción de las emisiones, es lo que está impulsando actualmente la transición hacia la electricidad procedente de fuentes renovables: los gobiernos están respondiendo ante la crisis energética provocada por el conflicto en Irán acelerando la implantación de las renovables
Los países pioneros han demostrado que las renovables pueden proteger a las economías de fuertes oscilaciones en los precios: este año, España absorbió un incremento del 75% de los precios del gas en Europa sin apenas impacto en los costes de la electricidad
También está creciendo la electrificación del conjunto de la economía a medida que los consumidores reemplazan los combustibles fósiles, en aplicaciones como el transporte, la calefacción y la cocina, por alternativas eléctricas
La transición energética debería enfocarse como una transición de los materiales, en la que los hidrocarburos se sustituyen por fuertes inversiones iniciales en materiales críticos como el litio y el cobre, lo que está creando nuevos cuellos de botella potenciales
El capital está siguiendo los pasos de este determinante cambio estructural; así, las inversiones en la transición para abandonar los combustibles fósiles ascendieron a un volumen récord de 2,3 billones de USD en 2025 y las acciones del sector de las energías limpias rindieron más que el índice bursátil mundial1.
Dentro de diez millones de años, el cuello de botella más tristemente famoso del mundo desaparecerá. Bajo las olas del estrecho de Ormuz, la placa continental arábiga está desplazándose hacia el norte lenta pero inexorablemente, colisionando con la placa euroasiática. Este movimiento está deformando la corteza terrestre hasta crear montañas y está encerrando las ingentes reservas de petróleo de la región. A medida que avanza, está llevándose por delante el estrecho de Ormuz: encajonado entre Omán, al sur, e Irán, al norte, este paso se reduce cada año al ritmo de un pulgar de ancho2.
Con mayor rapidez, pero con la misma decisión, las placas tectónicas de la política y la economía mundiales también están desplazándose. El orden mundial unipolar está resquebrajándose y las cadenas de suministro globalizadas, que durante años se elogiaron por su eficiencia han pasado a considerarse una vulnerabilidad.
. En 2026, este hecho ha quedado demostrado de forma evidente en el propio estrecho de Ormuz, donde lo que la geología está haciendo lentamente, la geopolítica lo ha logrado de la noche a la mañana: cerrar el estrecho y detener el flujo de petróleo3.
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El petróleo ha sido un instrumento geopolítico durante más de cincuenta años. Durante la mayor parte de este periodo, los gobiernos dependientes de las importaciones no tenían más remedio que suavizar los golpes de las crisis energéticas acumulando reservas y diversificando proveedores. Sin embargo, en el quebradizo panorama geopolítico actual, no basta con amortiguar el golpe.
En cambio, los gobiernos pioneros están encontrando una forma creíble de neutralizar el arma de la energía. La generación de electricidad a partir de fuentes renovables y la electrificación a gran escala de la economía suelen considerarse a menudo como una forma de reducir las emisiones o diversificar el suministro energético. Pero ahora la transición hacia una economía eléctrica ha pasado a representar algo más sencillo y más fundamental: libertad.
El golpe que pasó de largo: España se sacude la crisis energética del estrecho de Ormuz
En la meseta del Aljarafe, a poco más de 15 km al oeste de Sevilla, España acoge una primicia mundial. Una torre de 115 metros de altura que parece sacada de una película de ciencia ficción se alza frente a una sucesión de hileras de espejos —624 en total— dispuestas en el suelo frente a ella. En días soleados, que son frecuentes en esta parte de Andalucía, cada uno de los espejos refleja la luz solar y envía haces visibles que convergen en la parte superior de la torre.
Estamos ante Planta Solar 10, la primera torre solar termoeléctrica de uso comercial del mundo, en la que la luz del sol se concentra en un único punto para calentar agua que mueve una turbina4. Desde su construcción en 2007, PS10 ha sido un símbolo del innovador enfoque de España en materia de renovables.
Tras darle un nuevo impulso a su implantación en 2020, el país alberga actualmente 49 instalaciones termosolares, muchas más centrales fotovoltaicas (entre ellas, algunas de las más grandes de Europa) y más de 22.000 turbinas eólicas5. Las variables económicas de algunas de estas instalaciones han dado problemas, ya que el exceso de oferta ha provocado restricciones y ha afectado a la rentabilidad del sector. Lo que es innegable, sin embargo, es su resistencia frente a las crisis energéticas externas.
En el primer semestre de 2021, antes de que se hubieran consolidado plenamente las renovables, el precio de la electricidad en el mercado mayorista español subió un 50% al dispararse el coste de las importaciones de gas de Europa. Este año, apenas se sintió el aumento del 75% en los precios del gas, es decir, el vínculo entre el gas y el precio de la electricidad se ha debilitado tras años de expansión de las renovables. Por el contrario, Italia, que depende más del gas para la generación de electricidad, tenía un precio medio mayorista de la electricidad tres veces más alto que el de España en marzo de este año6.
En 2026, los precios de la electricidad en España dependen mucho menos del gas en comparación con la anterior crisis del gas
Las renovables desbancan a los combustibles fósiles
España no es el único país que ha roto el vínculo entre las convulsiones en los combustibles fósiles y los precios de la electricidad. Uruguay, considerado a menudo como un referente en materia de resiliencia y energías renovables, ha tenido aún más éxito.
En 2008, el 50% de la energía de Uruguay procedía de las importaciones de combustibles fósiles, lo que provocaba precios elevados y cortes de electricidad, especialmente durante las sequías, cuando la generación hidroeléctrica era baja7. Sin embargo, en 2015, tras un despliegue sin precedentes de energías renovables diseñado por el Secretario de Energía y físico Ramón Méndez Galain, Uruguay producía el 98% de su electricidad a partir de fuentes renovables (incluidas hidroeléctrica, eólica, solar y biomasa).
El cambio resultó tan eficaz que el país pasó a ser exportador neto de electricidad, lo que refrenda la convicción de Méndez Galain de que la libertad energética debía ser la meta última de la transición8. A la vista de la magnitud de su éxito, no sorprende que la crisis energética de este año no haya tenido efecto alguno en los precios eléctricos del país.
Pakistán ha demostrado que las mismas fuerzas pueden actuar desde abajo hacia arriba, en lugar de desde arriba hacia abajo. Enfrentados a la escalada de las facturas de la electricidad desde que se dispararan los precios de los combustibles en 2022 y a otro fuerte incremento cuando el gobierno retiró los subsidios que los habían amortiguado, los hogares, los agricultores y las empresas pakistaníes dieron un paso obvio: comprar ellos mismos paneles chinos baratos9.
Las importaciones de paneles solares se dispararon y a comienzos de 2026 se había importado una capacidad fotovoltaica acumulada de más de 51 GW, frente a menos de 1 GW en 2018. Se calcula que solo este año, con la subida de los precios de las importaciones de energía a causa de la crisis en el estrecho de Ormuz, Pakistán podría haber ahorrado 6.300 millones de USD en compras de petróleo y gas10. En estos momentos, la energía solar va camino de suministrar alrededor de una quinta parte de la electricidad de Pakistán. Según el Centro de Investigaciones sobre Energía y Aire Limpio, estamos ante una de las transiciones energéticas impulsadas por los consumidores más rápidas registradas11.
En palabras de Muhammad Mustafa Amjad, de Renewables First, un laboratorio de ideas para el sector energético con sede en Islamabad, «es una revolución claramente de abajo hacia arriba. […] Es una cuestión puramente económica. Las renovables son más competitivas que las fuentes tradicionales de energía y las están desplazando»12.
Para los inversores, las empresas de energías limpias y los gobiernos, esta transformación a escala mundial tiene que ver tanto con los materiales como con la energía
Electrificación ya
Así como España, Uruguay y Pakistán han tomado la delantera, la guerra de Irán ha obligado a otros países a seguir el ejemplo. El más ambicioso es Indonesia, que planea construir 100 GW de capacidad solar (suficiente para duplicar toda la capacidad de generación eléctrica del país procedente de todas las fuentes) en tan solo dos años, tras acelerar un ampliamente publicitado plan quinquenal en respuesta a la crisis energética13. En Filipinas, la ministra de Energía, Sharon S. Garin, anunció que se agilizaría la tramitación de proyectos de energías renovables por un total de 1,4 GW, y declaró: «Ante el conflicto en Oriente Próximo, acelerar el desarrollo de la energía renovable y el almacenamiento es tanto una necesidad estratégica como un imperativo nacional»14.
Sin embargo, la producción de electricidad es solo un ángulo de la historia. El encarecimiento que han sufrido este año la gasolina, el diésel y el gas parece estar dando un nuevo ímpetu a la electrificación de los usuarios finales.
Por ejemplo, en Corea del Sur las matriculaciones de vehículos eléctricos aumentaron más del doble en tasa interanual en marzo de 2026. En Europa se observó también un fuerte interés y las ventas en el Reino Unido alcanzaron un récord mensual. Incluso en EE. UU., donde el fin de las ayudas públicas había golpeado con fuerza al sector, se registró un aumento del 17% en las ventas de vehículos eléctricos de segunda mano frente al trimestre anterior15. Europa también asistió a un fuerte incremento de las ventas de bombas de calor en el primer trimestre de 2026 y se piensa que esta evolución se debió en parte a los elevados precios del gas16.
La transición desde los hidrocarburos hacia los materiales
Para los inversores, las empresas de energías limpias y los gobiernos, este cambio a escala mundial trata tanto de los materiales como de la energía. A diferencia del sistema basado en los hidrocarburos, en el que cada año tienen que extraerse miles de millones de toneladas de combustibles fósiles17, la electrificación a partir de fuentes no contaminantes requiere una intensa extracción inicial de materiales vírgenes que tocará techo en 2050 y después irá descendiendo, a medida que se consoliden las nuevas infraestructuras energéticas y se amplíe el reciclaje18. El cobre, el níquel, el litio, el aluminio y muchos otros metales y minerales son esenciales para modernizar las redes eléctricas, ampliar las infraestructuras de carga y fabricar paneles solares, turbinas eólicas y baterías, y la demanda está creciendo rápidamente19.
El crecimiento de la producción minera de metales para baterías y elementos de tierras raras se ha acelerado notablemente en los últimos años
Sin embargo, a medida que crece la demanda, también se agrava la amenaza de nuevos cuellos de botella. Cada uno de los numerosos materiales críticos para la transición lleva aparejadas sus propias restricciones de oferta y amenazas geopolíticas y, en este sentido, la minería y la transformación suelen estar dominadas por un puñado de países.
Para afrontar esta amenaza de manera directa, en febrero de 2026 EE. UU. convocó la primera Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos, en la que más de 50 países presentaron FORGE (siglas en inglés de Foro de Diálogo Geoestratégico sobre los Recursos Naturales), una zona de comercio preferente que armoniza las políticas de sus miembros20. Washington también alcanzó acuerdos bilaterales diseñados para fijar precios mínimos e impedir la competencia desleal por parte de China21 y anunció la creación de una reserva de materiales críticos dotada con 12.000 millones de USD de financiación pública y privada22.
Europa está tomando el camino de la circularidad. Este año, la UE invertirá 3.000 millones de EUR en acelerar proyectos de suministro de materiales críticos, mientras que un organismo de la UE creado al efecto se encargará de la gestión de las reservas23. A partir de septiembre, la región también prohibirá las exportaciones de baterías usadas de iones de litio y «materia negra» (el polvo que queda después de procesar baterías gastadas) a países no pertenecientes a la OCDE. El Centro Común de Investigación de la UE estima que, de este modo, se podría suministrar anualmente 1 millón de paquetes de baterías para coches eléctricos.
Mientras los gobiernos accionan resortes en forma de políticas, las empresas se sitúan a la vanguardia de la innovación en nuevas tecnologías para reducir o, incluso, eliminar la necesidad de materiales críticos y los fabricantes de baterías a menudo se colocan en cabeza. Un ejemplo es la batería de hierro-aire de Form Energy, que almacena energía mediante una «oxidación reversible». Actualmente en fase de desarrollo en Minnesota (EE. UU.), la instalación está prevista que sea plenamente funcional para 2031 y almacenará 30 gigavatios-hora de energía, lo que equivale a casi una hora del consumo medio de electricidad del Reino Unido24. Un aspecto fundamental es que podrá descargar durante un máximo de 100 horas (frente a las menos de cuatro horas de los sistemas habituales de almacenamiento de las redes a base de iones de litio25), lo que la convierte en la solución ideal para cubrir los periodos de interrupción del suministro de energías renovables.
Para los gobiernos y los consumidores que buscan protección frente a las alteraciones de los mercados energéticos, este momento, cuando ya no queden cuellos de botella que controlar, será el momento de la libertad
Invertir en los materiales para la transición
Según BloombergNEF, las inversiones en la transición energética mundial para abandonar los combustibles fósiles ascendieron a un volumen anual récord de 2,3 billones de USD en 2025. Como muestra de que la transición mantiene su impulso pese a los obstáculos políticos.
, las inversiones en el suministro de energías limpias también superaron a las destinadas al suministro de combustibles fósiles en 102.000 millones de USD26. Por su parte, las acciones de empresas de energías limpias rindieron más que el índice bursátil mundial MSCI World, con unas ganancias del 33% según el índice Bloomberg GS Clean Energy27.
En Lombard Odier, entendemos que la transición hacia una economía eléctrica gira en torno al valor, no la virtud. Durante las próximas décadas, los vientos de la política medioambiental cambiarán, pero la mejora de la eficiencia de las tecnologías, su mayor rentabilidad económica y la libertad geopolítica que otorgan las renovables y la electrificación apuntan en una sola dirección.
También entendemos que, en esencia, la transición energética tiene que ver con los materiales. Por medio de nuestra estrategia Transition Materials, replanteamos la visión tradicional de las materias primas como algo que está determinado fundamentalmente por el crecimiento económico; en lugar de eso, las consideramos como un elemento crucial de una transformación estructural que solo ocurre una vez cada siglo.
La fase de desarrollo de la transición alumbra nuevos riesgos geopolíticos. Sin embargo, una vez que las infraestructuras de electrificación hayan alcanzado una escala suficiente y los sistemas de reciclaje se encuentren maduros, la necesidad de extraer materiales de las minas descenderá a largo plazo. Para los gobiernos y los consumidores que buscan protección frente a las perturbaciones de los mercados energéticos, este momento, cuando ya no queden cuellos de botella que controlar, será el momento de la libertad.
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